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Cuando estaba en casa [Tengo], se levantaba temprano y generalmente escribía hasta el anochecer. Una pluma Montblanc, tinta azul y folios para cuatrocientos caracteres. Bastaba eso para que Tengo se sintiera satisfecho. Una vez por semana, su novia, que estaba casada, se acercaba hasta su apartamento y pasaban la tarde juntos. El sexo con aquella mujer casada, diez años mayor que él, era desenfadado, en la medida en que su relación no conducía a ningún sitio, y pleno. Por la tarde daba largos paseos y, al anochecer, leía solo mientras escuchaba música. No veía la televisión. Cuando venía el cobrador de la NHK, lo echaba amablemente: ‘Lo siento, pero no tengo televisor’. Era verdad que no tenia. ‘Puede entrar y mirar, si desea.’ Pero nunca entraban. A los cobradores de la NHK no les estaba permitido entrar en las casas.
Extracto de “1Q84”, de Haruki Murakami. Tusquets editores.